Ayer celebramos el cumpleaños de una de mis mejores amigas (justamente de la que hablaba hace unos días en un post sobre los Beatles). Fue con una cena, en su casa, una casa de campo preciosa de la que siempre estuve enamorado. Éramos diez y yo era el único chico presente. No soy uno de esos chicos que se sienten incómodos ante la presencia femenina, es más, me siento mucho más cómodo que rodeado de hombres. Bueno, al grano, que la sobremesa giró toda básicamente alrededor de los cotilleos de los que se alimenta una ciudad con tanto aire de aldea como es Ferrol, en el que todo el mundo conoce a todo el mundo y las verdades, medias verdades y mentiras circulan de extremo a extremo de la ciudad (algo a lo que el Tuenti ha contribuido muchísimo). Y hay algo que nunca me dejará de sorprender: la tendencia de la gente a fiarse de las apariencias (yo incluído).
Tengo una amiga que viste de manera digamos que provocativa (minifaldas, tops...) y ya es una puta (disculpan la palabreja) con todas las de la ley y sobre ella circulan rumores que incluyen hijos secretos, abortos y sabe dios qué más. Y este sábado hizo recular a uno de los tantos especuladores sobre su vida forzándole a admitir que lo que decía era mentira. Y lo peor es que aún hay gente que cree a ese mentiroso... Pero no lo puedo negar a mí me pasa constantemente, es más, una de las asistentes a la cena siempre me pareció una pija insoportable, pero el hablar con ella ayer me demostró que no, que pija puede ser pero insoportable no lo es para nada. Deberíamos tirar las etiquetas por la ventana... pero absolutamente todas.
Tengo una amiga que viste de manera digamos que provocativa (minifaldas, tops...) y ya es una puta (disculpan la palabreja) con todas las de la ley y sobre ella circulan rumores que incluyen hijos secretos, abortos y sabe dios qué más. Y este sábado hizo recular a uno de los tantos especuladores sobre su vida forzándole a admitir que lo que decía era mentira. Y lo peor es que aún hay gente que cree a ese mentiroso... Pero no lo puedo negar a mí me pasa constantemente, es más, una de las asistentes a la cena siempre me pareció una pija insoportable, pero el hablar con ella ayer me demostró que no, que pija puede ser pero insoportable no lo es para nada. Deberíamos tirar las etiquetas por la ventana... pero absolutamente todas.

2 comentarios:
Las etiquetas sólo deberían servir para saber el precio de las cosas, no para catalogar a las personas.
Eso que te ha pasado con la pija, me pasó a mi con la que ahora es una de mis mejores amigas, sigue siendo pija pero es un encanto de persona.
No hay que juzgar a la gente sin conocerla. Porque las apariencias engañan...
Saludos
De acuerdo con lo de "No te fíes de las apariencias", pero sin entrar a prejuzgar, ni etiquetar y mucho menos a inventar cosas de la gente, creo que se pueden deducir muchas cosas de las personas observándolas y escuchándolas en una situación cotidiana. No es que no le de una oportunidad a los desconocidos, no. Es que suelo acertar. xD Será la intuición femenina.
Publicar un comentario