Resulta que la palabra diva viene del latín diva (diosa). Este término es conocido por casi todos y siempre lo relacionamos con una estrella de la música de fama superlativa, que ya ha superado la barrera de ser sólo conocida por su música sino que es admirada como icono de la moda, la cultura, la televisión... con este sentido (el de estrella del arte) empezó a usarse en la Italia del siglo XIX para referirse a excepcionales cantantes de ópera.
Es un término totalmente restringido a lo femenino, ya que ningún hombre es denominado divo (realmente muy pocos artistas masculinos se corresponderían con el concepto de divo, quizá Michael Jackson, George Michael o Robbie Williams, ya que los tres triunfan con su música pop, tienen hordas de fans y locuras y extravagancias varias), y se le otorga a artistas ya consagradas en la música principalmente pop (no me imagino a nadie llamando diva a Patti Smith o a Deborah Harry, aunque sean iconos a su manera) que mueven mareas de incondicionales, son auténticas gurús de la moda y copan portadas de revistas de toda índole (desde las femeninas más rancias como Cosmopolitan a publicaciones del papel cuché). Actualmente se relaciona diva con una serie de actitudes y comportamientos rayanas con la arrogancia más absoluta y también con una serie de extravagancias que resultan divertidas y ridículas para nosotros, pero auténticas pesadillas para discográficas, promotoras de conciertos y hoteles entre otros. Y tampoco hay que olvidarse de la relación (casi inseparable para la sociedad) de diva y ambiente homosexual.
Dentro del panorama mundial musical hay muchas cantantes que pueden ser denominadas divas, siendo el ejemplo más claro Madonna, pero otras son Mariah Carey, Kylie Minogue y Cindy Lauper (ésta hace ya algunos añitos), y una nueva generación de divas (sin duda más polémicas) como son Britney Spears, Christina Aguilera, Jessica Simpson o Hilary Duff (estas dos últimas en proceso de coronarse). Por supuesto, hay más artistas que reúnen condiciones para ser divas, como es el caso de Lily Allen o Sophie Ellis-Bextor, pero no las clasifico como tal debido a razones de diverso índole: Lily Allen sería más bien una diva de la escena indie y como que no pega y Sophie Ellis-Bextor es demasiado elegante y estas cosas (vale, sí, estoy platónicamente enamorado de esa mujer).
Cambiando de tercio y bajando de la escena mundial, cada país tiene sus propias divas: Grecia tiene a Helena Paparizou, Suecia a Charlotte Perrelli (y no, no bromeo con el apellido) y así repetidamente. Si hablamos de España, creo que podemos delimitar lo de diva a tres artistas: Marta Sánchez, Alaska (parida como Olvido Gara, pero parece que el personaje fagocitó a la persona) y Mónica Naranjo. La primera, gallega (había que decirlo) y denominada por el gran Sabina como la mejor voz española, empezó con Olé Olé para luego emprender una carrera en solitario plagada de grandes, medianos y pequeños éxitos. Realmente su época de oro pasó en la segunda mitad de los 90, pero aún así cada nuevo disco se hace un hueco en las radiofórmulas y consigue unas ventas más que aceptables. Además de éso, su posado en Interviú es uno de los más recordados y su imagen de rubia explosiva ha sido explotada hasta la saciedad. Por otro lado, Alaska ha pasado por tantos grupos que no vale la pena nombrarlos todo pero sí decir que todos esos grupos se han visto eclipsados por el gran carisma de la mexicana (en la imagen, ella al frente de Alaska y los Pegamoides). No siempre pelirroja pero siempre polémica e icono más famoso y recordado de la Movida últimamente ha vuelto a lo más alto de la escena musical española gracias a Fangoria (formado por ella y su compañero ya en los
años de la movida Nacho Canut) que se han erigido en uno de los grupos más populares sobre todo entre el colectivo gay. Y no sólo éso, Alaska era la presentadora de ese gran programa infantil que se llama La Bola de Cristal, justamente mitificado y convertido en objeto de culto. Y ya por último, Mónica Naranjo, que durante siete años se mantuvo fuera del mundillo para volver hace pocos meses con un disco como mínimo sorprendente, Tarántula. Yo era de ésos que encontraban (y sigo encontrando) Europa como una canción horrible, pero como buen ecléctico que soy, decidí darle una oportunidad al disco, y sin llegar a ser maravilloso, sí que es diferente, original y lo más propio de una diva que he llegado a escuchar. Puede que se note demasiado que ha pasado una depresión producida por la presión del éxito en todas las letras, en el ambiente que pretende transmitir e incluso en el artwork de la portada y su vestuario.No sé por qué hablo de divas, pero me apetecía y para qué negarlo, son una parte más de nuestra cultura de masas que tanta admiración y repulsa me produce al mismo tiempo.
