Ayer por la tarde fui a comprarme gominolas a una tienda cerca de mi casa. No suelo tomar gominolas, pero ayer, con un día que como lleva siendo habitual no dejaba ir a la playa, mis amigos todos estudiando para sus exámenes de septiembre, con el agridulce cuarto puesto del mejor atleta ferrolano de la historia (Javier Gómez-Noya) que hasta me había levantado a las dos y media de la mañana para ir a verlo a la pantalla gigante instalada en la Plaza de Armas y con una melancolía que no es nada normal en mí, pues me entró antojo de ellas y allá fui. La tienda en cuestión es de las típicas tiendas de gominolas con revistas, periódicos y demases, así que no es que sea una noticia extremadamente interesante mi visita, pero es que hubo una cosa que me llamó la atención: un grupo de niños en el que ninguno superaba los diez años, todos cogiendo gominolas, pipas, helados... y todos parecían ir comandados por un personajillo que mediría poco más de metro treinta, una niña de unos nueve años, con gafas de pasta (de un color rojo precioso), delgada y con el pelo negro cortado en media melena enmarcándole una cara alargada propia de las niñas delgadas de su edad. Cada poco tiempo, el resto de niños le preguntaban a la niña ésta si les llegaría con el dinero que llevaban para comprar ésto y lo otro, que si éso qué era, que si lo otro cuánto costaba... vamos, que la niña era un poco la Wendy de esa panda de Niños Perdidos (incluso había un niño que recordaba al Michael Darling del libro de Barrie).
Y yo no pude hacer otra cosa qué sonreír ante la situación, y sobre todo, del hecho de acordarme de la historia del niño que no quería crecer en un momento como ése. Cosas así demuestran que a veces mi mente vuela a alturas insospechadas... ¿será que Campanilla me ha echado de su polvillo mágico?
Y yo no pude hacer otra cosa qué sonreír ante la situación, y sobre todo, del hecho de acordarme de la historia del niño que no quería crecer en un momento como ése. Cosas así demuestran que a veces mi mente vuela a alturas insospechadas... ¿será que Campanilla me ha echado de su polvillo mágico?

No hay comentarios:
Publicar un comentario